Cada vez más gente llega a terapia con el objetivo de aprender a vivir en paz, simplemente en calma, en equilibrio.

Cada uno tiene un propio ideal de esa persona en la que les encantaría transformarse, pero hay algo común a aquellos que buscan vivir en equilibrio…

Nos imaginamos una persona absolutamente coherente en todos sus actos, serena, que no tiene pensamientos o emociones perturbadoras, a quien no se le escapa una palabra grosera, que disfruta del silencio, medita, lee, hace todo conscientemente y siempre con amor por la vida y por uno mismo.

No existe en esa persona la inseguridad, ni las “ralladas” mentales, las “fugas” en forma de dulces, libros, libretas bonitas, zapatos o cervezas belgas. No hay conflictos en esa persona que queremos ser, nada que parezca estar fuera de la norma.

 

Pues bien. De antemano lo siento por la conclusión que ya me imagino vayas intuyendo… Eso se salta todos los principios de cómo funciona la mente humana porque nuestro estado mental es absolutamente cambiante debido a la infinidad de estímulos, pensamientos y emociones que tenemos uno tras otro y con los que constantemente nos identificamos. Cada uno de nosotros se relaciona con más o menos distancia, con más o menos coherencia respecto a los valores, y todos tenemos nuestras fugas personales o truquitos para manejar los momentos más difíciles. Nada de esto es antinatural ni problemático, y no podemos abrir guerra armada a un funcionamiento que es así, y caer en la culpa flagelante tampoco lleva a ningún lado. Bueno sí, te aleja.

 

¿Aparece? Date cuenta, es un pensamiento, comienza a entrenar el hecho de no identificarte con cada pensamiento que aparece en tu mente. Son ofertas de un escaparate, podemos observarlas y no comprarlas…programas de televisión de esos que alteran (como a mí las tertulias en las que no se respetan los turnos y el tono varía solo entre la mofa y la acusación). El equilibrio no está en que en ese canal de TV que es nuestra mente nos generen frenesí todos los programas, ni tampoco seamos completamente ecuánimes y anodinos de tal forma que nada nos afecte y no disfrutemos de los programas que más nos aportan. Nada de eso… ¡esos disfrútalos! pero no necesitamos esa experiencia constantemente para vivir en equilibrio. Lo único que necesitamos es darnos cuenta que hay alguien viendo la TV, y que cuando identifique que ya están echando el programa ese que «no va con nosotros», podamos darle espacio para que esté lo que dure, pero mentalmente trato el sonido como si fueran los vecinos, y enfoco mi atención en lo que sí va más conmigo, mis valores. No se me ocurre un camino más directo a una vida en equilibrio… Y sólo consiste en practicar teniendo clara la visión a cada día. Así que de momento, un programa con el que podemos dejar de pelearnos es ese tertuliano que señala con el dedo al sofá en el que estamos sentados y una y otra vez nos cuestiona, juzga y hasta insulta. 

 

No nos vamos a acercar a esa persona que vive en armonía con un látigo en la mano machacándonos por querer (como TODOS) mandar las cosas al traste de vez en cuando, o por no ser capaz de disfrutar del silencio, ni ser una persona que ame los paseos a solas por la naturaleza…

También puedes comer un buen filete de carne y ser esa persona, o quizá más bien seas de quinoa y tofu. Puedes vivir en equilibrio e ir a un concierto de Bisbal; tomarte un chupito de Jager el viernes por la noche para celebrar el fin de semana en vez de un Rooibos con canela en leche de alpiste;

No es necesario que te quedes en casa durante la luna llena escuchando mantras ni que sonrías con amor a ese hombre que hace un comentario obsceno, también estás en equilibrio si sientes frustración, te permites experimentarla y continúas tu día con lo que tienes ante los ojos sin dar más bola a la frustración .

Puedes amar Mister Wonderful o puede darte repelús y ser más pro-Mister Puterful. Quizá tengas tu habitación decorada en plan eco o quizá de miedo entrar en ella. No define cómo vives con el contenido de tu mente.

Puedes ser de filosofía o quizá de económicas, y aún con tu traje, maletín y pensamientos económicos, no vives en constante juicio sobre tí, los otros o el mundo.

No hace falta que practiques yoga (aunque si lo quieres no podré mas que decirte que es muy beneficioso) y quizá no tienes bici y sí un BMW, o un American Stanford con pose de confianza pasea por tu jardín en lugar de un perrillo callejero con ojos de gratitud.

No hay ningún problema por nada de esto.

Somos diferentes. Gustos diferentes. Cualidades diferentes. Formas diferentes. Aspiraciones diferentes. Fugas diferentes.

 

Nada de lo aparente define ese equilibrio que uno busca, no elabores demasiado sobre esto, no te atrapes a los juicios y trata simplemente de aceptar lo que surge cuando surge y hacer “espacio interno” de manera que las cosas vayan siendo menos pesadas. No es nada intelectual, no hay “tengos que”, no existe el látigo en ese camino, ni las culpas…

La paz y el equilibrio interior, tienen unas claves sencillas que pasan por la aceptación, el coraje con uno mismo, herramientas que entrenen generar “espacio mental”, “desombligarnos”, y que en general haya una cierta tendencia de coherencia en nuestro quehacer diario de cara a lo que para nosotros es importante en la vida a nivel humano y en el resto de los niveles.

 

No olvides que la paz y el equilibrio es aceptación y espacio…

y que la aceptación, no es resignación, sino coraje y valores.

relajate-nada-esta-bajo-control

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